En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: “Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeo con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego la alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.

Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo.

Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: ‘A mi hijo lo respetarán’. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: ‘Este es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia’. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.

Ahora díganme: Cuando vuelva el dueño, ¿qué hará con esos viñadores?”. Ellos le respondieron: “Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo”.

Entonces Jesús les dijo: “¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable?.

Palabra del Señor.


A ti te ha sido dada una viña para trabajarla, de la cual no eres el dueño y tienes que entregar los frutos a su tiempo. Esta viña pueden ser tu esposa, hijos, trabajo, e incluso tu misma vida en lo que conlleva de estudios, sexualidad o afectividad. ¿Qué has hecho con tu vida hasta el momento?. Si en estos momentos viniese el dueño de la viña a recoger su parte en los frutos, ¿podrías tranquilamente dar buenas cuentas de lo que has hecho en la vida?.

Ciertamente Dios ha enviado trabajadores a recoger estos frutos, algunos disfrazados de limosneros, de amistades que te pidieron un consejo, de algún familiar que necesito de tu apoyo, de algún hijo que con sus actitudes te pedía que lo atendieras ante su soledad. Espero que identifiques a todos los que Dios ha mandado a tu vida.

Si reconoces que hasta el momento no has hecho lo adecuado, reflexiona porque en estos días Dios envía a su propio Hijo Jesucristo pensando que al él si lo escucharás, ¿que respuesta piensas dar?.


Germán Alpuche San Miguel

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