En aquel tiempo, al salir de la sinagoga, Jesús se fue inmediatamente a casa de Simón y de Andrés, con Santiago y Juan. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre. Se lo dijeron a Jesús y él se acercó, la tomó de la mano y la levantó. Se le quitó la fiebre y se puso a servirlos.

Al atardecer, cuando ya se había puesto el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. El sanó entonces a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero a éstos no los dejaba hablar, pues sabían quién era.

Muy de madrugada, antes del amanecer, se levantó, salió, se fue a un lugar solitario y allí comenzó a orar. Simón y sus compañeros fueron en su busca.

Cuando lo encontraron le dijeron: “Todos te buscan”.

Jesús les contestó: “Vamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para predicar también allí, pues para esto he venido”. Y se fue a predicar en las sinagogas judías por toda Galilea, expulsando los demonios.

Palabra del Señor.

Comentario de Luis Germán Alpuche San Miguel, del Oratorio de San Felipe Neri.

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Jesús Tiene el poder para expulsar de tu vida todo aquello que no te deje ser feliz, toda enfermedad, dolencia o demonio puede ser arrojado por el Hijo de Dios, que se ha hecho carne para darle al hombre la auténtica libertad de los hijos de Dios.

Muchas personas viven atormentadas por demonios de odio, pereza, rencor, brujerías y supersticiones, violencia o alcoholismo. Para todos aquellos que están oprimidos, que no han podido llevar una vida auténticamente libre, hoy podemos decirles que Jesús es el SEÑOR, el enviado del Padre para liberar a todos aquellos que se encuentran oprimidos, que desean tener un corazón libre y con la capacidad de amar plenamente.

Ya no tenemos que recurrir a brujerías, amuletos, supersticiones y lamentaciones, recurramos al Hijo de Dios que ha venido a liberarnos.