Su trabajo le hizo justicia y empezó a ser considerado una estrella de la gran pantalla, llamado por Charles Chaplin como “el más grande comediante del mundo”.

Y es que si existe un icono mexicano que haya traspasado fronteras y culturas a través del cine, ése es “Cantinflas”, que llenó de risas las salas de cine de toda América.

Con gracia e ingenio, Moreno -que nació el 12 de agosto de 1911- popularizó su personaje en decenas de producciones cinematográficas, a partir de las cuales llegó a ser el actor mejor pagado del mundo en 1950.

“El Mimo de México”, como también se le conoce, obtuvo la gloria en la piel de un “don nadie” de gabardina deshilachada que, sin ser payaso, llevaba pantalones de cadera caída, una soga en vez de cinto, un sombrero con un doblez que le daba apariencia de barquito de papel y un particular bigote trasquilado.

Empezó a dar forma a su personaje en escenarios populares, a escondidas de sus padres, en carpas circenses y teatros de Ciudad de México, a los que llegó tras haber pasado por el Ejército y trabajado sin éxito como boxeador en Estados Unidos.

Después de probar las mieles del éxito con trucos callejeros y sus habilidades lingüísticas, salta al cine en 1936, a los 25 años, con “No te engañes corazón”, una cinta que pasó sin pena ni gloria. Cuatro años más tarde estrena “Ahí está el detalle”, que lo posicionó a nivel internacional.


Primeros éxitos

El paso del cine en blanco y negro al technicolor le tomó por sorpresa, pero igualmente lo aprovechó y surgió “el Cantinflas de la moraleja, el consejero de familia y el terapeuta social”, publicó el diario ABC.

En sus producciones narraba en tono lúdico las realidades que se vivían en el país con los cambios sociopolíticos y culturales que se sucedieron a partir de la década de 1930.

Con el nuevo formato, filmó alrededor de 20 éxitos de taquilla, entre ellos “El padrecito”(1964), “Su excelencia” (1966) y “El barrendero” (1981).

También protagonizó “La vuelta al mundo en ochenta días”, en 1956, con la que conquistaría Hollywood al lado de luminarias como Elizabeth Taylor y David Niven.

Su trabajo le hizo justicia y empezó a ser considerado una estrella de la gran pantalla, llamado por Charles Chaplin como “el más grande comediante del mundo”.


EFE