Primero, Julión Álvarez fue tachado de misógino por decir que le gustaban las mujeres que supieran trapear. Después, los empresarios Germán y Domingo Chávez lo llamaron irresponsable y caprichoso por no cumplir con un acuerdo que tenían de presentaciones en Monterrey.

Con estas acusaciones, el cantante asegura que ha perdido la confianza y reconoce que no siempre la gente se le acerca a él con la mejor intención.

“En estos últimos meses pasaron muchas cosas que te hacen quedarte muy inquieto y desconfiando. Sí veo que están agarrando un celular siento que me están grabando”, compartió Álvarez.

Admitió que no estaba preparado para la controversia y que no creyó que sus palabras generaran tanta polémica, pues desde que inició su carrera como solista se había mantenido alejado de ellas.

Pero manifestó que aprendió la lección de esta cara del éxito.

“Hubo momentos que sí me desesperé, fue incómodo, es molesto y desesperante porque a veces uno quisiera salir a gritar ‘mentira, las cosas son así y así’, pero en el momento no se puede o no ganas nada con enojarte, a veces brincar sale contraproducente. Hemos tratado de aprender”, agregó el chiapaneco.

Hace unos días, el intérprete de “Y Así Fue” llegó a un acuerdo con Germán y Domingo Chávez por la supuesta demanda, de la que asegura nunca fue notificado, que interpusieron los empresarios y que le impedía presentarse en Monterrey.

Aclaró que al inicio de su carrera firmó un contrato por cinco años con la firma Remex (de los Chávez), que registró su nombre artístico y a la que le pagó el porcentaje que le correspondía por cada show.

Sobre su participación en La Voz, ahora como asesor de J Balvin, dijo que aceptó volver porque el programa es un buen escaparate, y no porque le pagan muy bien, como se ha especulado.

“No es cierto que yo sea el que cobre más, es mentira, por lo menos en esta (temporada). No sé en la otra cómo nos arreglamos, no pregunté tampoco cuánto había cobrado Ricky Martin”, dijo.

Álvarez contó que antes de ser cantante tuvo la ilusión de ser piloto aviador, por lo que una vez que empezó a cosechar éxitos se compró una avioneta, pero que ahora la cambió por un jet que le sirve para el trabajo.

“La avionetita fue por gusto, porque quería volar y disfrutar. Pero ya se volvió una necesidad de aprovechar más el tiempo, tengo gracias a Dios muchos compromisos”.

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