TOMÁS SETIÉN FERNÁNDEZ



Municiones camufladas por el reguero total de vasos desechables (si con algunos seres humanos se podría hacer eso), conteniendo todavía algo de café y un poco de “aguarrás”, y demás tipo de basura que una avanzada inexplicable para el medio cordobés en espera de las votaciones domingueras nunca espero ver, sufrir y aguantar, conformada por profesores disidentes venidos a montones desde la ciudad de Chiapas transformadores del sábado aparentemente tranquilo, en un caos tanto vial como de reposo y paz para las familias cordobesas, que se vieron atrapadas en esa pesadilla de gritos por doquier en la zona de Portales y del propio centro, le daba la bienvenida al domingo esperado por una gran cantidad de partidos políticos.

Pareciendo que la gran guerra ya se había llevado al cabo, lanzando el fuego gente ajena a la comunidad cordobesa llevando intenciones políticas tan dimensionales, que hasta los que mas odian las artes de Maquiavelo se dieron cuenta de las reales

intenciones de los que azuzaron a la población cafetera.

Yasíalamanerade aquel argumento de la clásica novela de guerra (fría en extremo) de Sin Novedad en el Frente, salida de la pluma y el ingenio del escritor alemán Erich Maria Remarque, pocos y contados movimientos de siquiera un esbozo de guerra política se observaba mientras los primeros rayos de un sol demasiado tímido pintaban el horizonte de votaciones cordobesas, con

uno que otro vuelo de mariposas y sorprendidas aves nocturnas sabatinas, mas o menos como las observadas por aquel soldado, única víctima del día en que la muerte casi descanso en la gran guerra.

Siendo la constante la de siempre, o sea que la puntualidad solo es inglesa, tomando de la mano a la pareja requerida frente a una taza de té, por lo cual pocas casillas de votaciones se abrieron como mandan los cánones a las ocho de la mañana, barriéndose en primera, segunda y hasta en la tercera base, los todavía adormilados miembros responsables de esos lugares, mientras las colas crecían un tanto conforme se acercaba el medio día, siempre amenazante con traernos otra tromba vespertina y demoledora.

El portal recobraba su santa quietud, mientras se observaban hechos inusuales, como el de un pobre mariachi conformado con cuatro elementos toque que toque, conformándose con lo que el publico quisiera darles en sus manos famélicas y carentes de aseo, palomas negras en las urnas y palomas queridas en sus voces.



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