Lucía Priego de Magaña

El la actualidad nuestro país confronta graves problemas sociales, entre ellos la lucha magisterial de algunos profesores disidentes, que parece no tener fin. Este conflicto me hizo recordar y comparar a estos seudo profesores con el impecable ejemplo de verdadera y admirable vocación, la honorable profesora Raquel Guzmán González, quien deja una huella perdurable en la educación.

El historiador y profesor Rafael Arriola Molina, rememora en uno de sus libros acerca de nuestro personaje, lo siguiente: “Soy nativa de Altotonga, Veracruz, tierra de flores y exquisitos frutos, pero el viento de la vida me transportó feliz a Córdoba, he sido una semilla cultivada al azar, que el tiempo transformo en un fruto que se llama amor, si, amor que profeso a las niñas de Córdoba, ciudad que se apodera de quienes forasteros, nos convertimos en cordobeses por adopción”.

La profesora Guzmán, egresa de la Escuela Normal Veracruzana, en donde obtiene las máximas calificaciones, se distingue durante su labor docente, por aplicar la Metodología “Rebsamiana” aprendida en las aulas jalapeñas y que transmite al personal a su cargo, para elevar su nivel intelectual y pedagógico.

Ella, llega a nuestra ciudad en 1917 y recibe el nombramiento de directora de la Escuela Primaria “Ana Francisca de Irivas” (Mascarón). El colegio tiene techos de lámina y tejas, paredes deterioradas y carece de algunos servicios; con trabajos intensos y muchos años de esfuerzo, logra, en unión de la Sociedad de Padres de Familia que dirige el sr. Mario Capón, la construcción del edificio escolar, que en la actualidad alberga a más de mil alumnas.

La señorita Raquel ejerce una acertada función como directora, favorece las relaciones humanas y su actitud ante los problemas siempre es positiva y los resuelve con sabiduría, rectitud y serenidad.

La profesora Guzmán, feliz y comprometida con su profesión, activa, entusiasta, incansable, capaz de convertir las experiencias escolares de las alumnas en triunfos, siempre cumple “el juicio justo”, respetuosa pero firme en sus decisiones, con la seguridad que le proporciona su propio mérito, sin ser arrogante.

Ojalá, que los actuales profesores adopten el ejemplo patriótico y la ética profesional de la inolvidable mentora, señorita Raquel Guzmán González, para elevar el nivel educativo y para bien del México que todos deseamos y merecemos.

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