El hecho de que dos Yunes parientes se hayan enfrentado en

la lid electoral me ha llevado a recordar aquel filme intitulado Kramer contra Kramer, donde dos esposos riñen en un juicio de divorcio. También me volvió a la memoria una anécdota de la novela Por quién doblan las campanas de Ernest Hemingway donde en la guerra civil española dos hermanos, un franquista y el otro miliciano de la república, de hablan desde sus respectivas trincheras donde uno le pregunta al otro sobre sus padres, de los que no tienen noticias; el otro le contesta, actitud que denota que ante la diferencia de sus partidos e ideologías están la sangre de la familia, el respeto al tronco común y los recuerdos de la infancia.

Hoy en Veracruz los dos Yunes lucharon en frentes opuestos, desde unos minutos después de la elección se supo que uno venció al otro pero a la fecha nada se ha sabido de la reconciliación. Antes de las votaciones, dándomelas de adivinador predije que el Yunes del PRI ganaría; ello porque desde 1929 el PNR, Prm, hoy Pri, siempre salía vencedor “por las buenas o por las malas”, lo mismo daba. Fundamenté mi razonamiento en lo que sucedió cuando el general Juan Andrew Almazán derrotó con amplísimo margen a don Manuel Ávila Camacho y, sin embargo, le dio el triunfo a este. Recordé aquí igualmente cuando aquí en Córdoba el profesor Francisco Nieves Navarro fue declarado vencido por el candidato del PRI a la presidencia municipal y cómo fue la movida: que los soldados que cuidaban los resultados de la votación permitieron que cierto mapache se metiera a engordar los sufragios y que al día siguiente la Junta Computadora se opusiera a que se contaran los votos y se diera como cierto el gane del PRI. Y también mi memoria me hizo pensar en “el triunfo electoral” del ahora cónsul en Barcelona sobre el panista Gerardo Buganza y de la derrota sufrida por López Obrador en su primera incursión en las elecciones federales. En que aprovechándose de la apretada colación se le dio el gane a su opositor del PRI.

Con esas y muchas “victorias” manchadas de vergüenza ya el partido del abstencionismo había crecido mucho. Hoy, según parece, las cosas no han cambiado y el mapache se ha visto cercado, lo que ya es un triunfo que debemos celebrar.

Rubén Calatayud

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