Gino Raúl De Gasperín Gasperín

Con todo lo que ha sucedido en el Estado de Veracruz a raíz de las elecciones para minigobernador y minidiputados, sorprende que un alto dirigente del partido gobernante (y ahora derrotado) declare que "así es la democracia: a veces se gana y a veces se pierde. Lo importante es la participación de la gente y ahora se derrotó el abstencionismo".

Alguna salida tenía que encontrar a los resultados que les fueron tan adversos, y que, sin lugar a dudas, confirmaron el rechazo contundente a una administración, tanto estatal como federal, a la que no le ha importado un comino depauperar más al Estado y al país. Sin duda, con estos resultados se enjuicia, y se hace sin miramientos.

Desde luego que ha sido un gran paso que los votantes (aunque anden apenas por un poco más de la mitad de los electores registrados) hayan hablado en nombre de la mayoría, incluyendo tanto a los que se abstuvieron y a los que anularon sus votos en abierto rechazo al proceso en sí, como a los segregados del evento, a las minorías silenciosas que no tienen ni voz ni voto (por la razón que sea) en un ejercicio electoral. Ha sido bueno que los votantes hayan expresado su opinión y se empiece a poner un freno a los prepotentes, a quienes se sintieron (o se sienten) dueños del poder, dueños de la nación o del estado o del municipio o de la opinión pública o de la verdad, y actúan con la soberbia propia de los que creen (como decía el filósofo de Güemes) que la vida es una rueda de la fortuna que ya se descompuso estando ellos arriba. Parece que la rueda de la fortuna no se ha destartalado, y que seguirá girando, subiendo a los que están abajo y bajando a los que están encumbrados.

Pero, independientemente de este juicio severo que ha emitido el pueblo por medio de los que acudieron a votar, esto que se ha vivido no es una democracia. Porque la democracia no se cumple ni se define solo por la alternancia de los gobernantes. Esta es muy importante, es cierto, pero no agota un ejercicio ciudadano por el cual el votante elige en razón de la conveniencia de un proyecto benéfico para la mayoría y respetuoso de las minorías, prueba fehaciente de que el poder reside en el pueblo, en el ciudadano, y no en quienes, por angas o mangas, se han aupado a las sillas del poder, a las que creen tronos faraónicos.

Cuando Mijaíl Gorbachov se enfrentó al politburó soviético (es decir, a los detentadores de un poder omnímodo de aquella férrea dictadura) para defender el cambio democrático que estaba liderando y que, además, dijo con énfasis: "para que haya una verdadera democracia, esta tiene que estar respaldada por una ética". Y aquí es donde aparece el pelo de la sopa. No se puede hablar de auténtica vida democrática mientras en los hogares, en la escuela, en el trabajo, en la sociedad, siga prevaleciendo el criterio de que "quien no tranza no avanza". Un padre de familia decía muy orgulloso: ya he conseguido trabajo en el gobierno a todos mis hijos, ahora voy por mis nietos. Y así, con su propio ejemplo, enseñando a hijos y nietos que el poder y el dinero fácil están en la administración pública, estaba (está) instruyendo a su prole a treparse a los cargos públicos como botín. "Cuanto más cedas con ellos -dice Coetzee en su novela La edad de hierro- más atroz será el comportamiento de los chicos. Me dijiste que admirabas la generación de tu hijo porque no tienen miedo de nada. Ten cuidado; puede que empiecen por no preocuparse de sus propias vidas y terminen por no importarles las de los demás. Lo que admiras de ellos no es necesariamente lo mejor" (pág.57).

Sin ética y sin racionalidad, lejos, lejos estamos de una vida democrática. El ejemplo que dieron los políticos a la generación emergente es el peor, porque armaron una batalla infernal de improperios, bajezas, denuestos, insultos, mentiras, corruptelas y falta de ética, que no garantiza sino que los que integran la generación que sube sigan el ejemplo que se les ha mostrado, y la mala hierba de la corrupción, la prepotencia y el cinismo siga dando frutos con semillas de corazón podrido.

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