El día 8 de este mes de abril, María Félix, cumple quince años de fallecida, pero su presencia permanece en la memoria, gracias a los diferentes medios, que la convierten en intemporal.

Evoco con exactitud el mes de diciembre de 1969, mi esposo, me invito a celebrar al restaurante argentino “La Mansión” situado en la avenida insurgentes sur del D.F. (hoy ciudad de México). Para tan importante ocasión, decidí gastar todo mi aguinaldo de profesora, en un elegante saco, que tenía un pequeño cuello de mink; yo estaba emocionada por la asistencia a ese lugar de moda y de tanto prestigio. Llegamos al mencionado lugar a las 22:00 horas, mi esposo gentilmente me quitó el saco, para entregarlo a la encargada del guardarropa, cuando... el gerente y algunos empleados, corrieron a recibir a “La Doña”, que en ese momento hacia su espectacular entrada, luciendo su señorial belleza y majestuosa personalidad, con la seguridad que proporciona el saberse admirada y reconocida; su marido Alex Berger, le quitó el preciosísimo abrigo largo de visón y lo entregó.

La encargada sumamente nerviosa, dejó caer al suelo mi saco, (claro no fue a propósito) y recibió el de la famosa actriz mexicana.

Admito que enmudecí, quedando impactada por la cercanía inesperada de la aclamada internacionalmente, estrella de cine María Félix; así, pude comprobar y admirar su espléndida belleza y singular elegancia ; la brillantez de sus ojos, opacaban sus innecesarias joyas, toda ella deslumbraba. Una vez que ingresó al restaurante, todo volvió a la normalidad, nos acomodamos en nuestra mesa y a disfrutar de una exquisita cena. Después de la intensa experiencia y con emociones encontradas, instalada en el hotel, aun giraba en mi mente, aquel momento sorpresivo, regresando a la serenidad pensé, y si María Bonita y yo, no hubiéramos coincidido, quizá... el estreno de mi prenda de vestir, habría merecido un mejor trato.


LUCÍA PRIEGO


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