No, no me refiero aquí a los casi o ya merito, esos suspirantes a minigobernadores o diputados que se quedaron viendo como el pastel se lo comerán otros. En este caso, los casimeritos son unos muñecos (los llaman Ksi-meritos, vocablo que contribuye, con otros que ya mencionaremos, al envilecimiento de nuestro bello idioma) que han entrado al mundo de la mercadotecnia como suelen hacerlo los similares: con todo un ejército de productos, subproductos, accesorios, instructores, campañas publicitarias, estanquillos, promotores, videos, etc., etc. para garantizar su rápida consumición por las mentes infantiles, ya que se recomiendan para menores de tres años en adelante.

Estos muñecos, los “Ksimeritos”, forman parte de una serie denominada “Neonatos sigotos” (así, con esa espantosa “s” inicial) y así son definidos en su publicidad: “El género Ksimerito pertenece a la familia de los Sigotos, pero tienen una diferencia muy peculiar, ya que son más bebés que la mismísima especie Sigotal. De ahí deriva el sobrenombre de su especie “Ksimerito” que quiere decir ‘a 2 de ser todo un Sigoto’”.

Dejemos aparte la distorsión (que pondrá los pelos de punta a los biólogos) en la asignación de los nombres de género, especie y familia, así como la designación de que están a punto de ser “sigotos” cuando quienes estarían en esa aproximación serían los gametos masculino y femenino, y de ninguna manera un cigoto o zigoto es neonato. Lo que llama más la atención es la capacidad distorsionadora del mundo de la mercadotecnia al introducir como muñeco a un embrión o a un feto y someterlo a las amorales o inmorales reglas del consumismo feroz. Veamos ahora algunos ejemplos de lo que cuesta atender a un “Sigoto” de estos: su precio varía según su tipo: los hay desde los 400 hasta los 800 pesos, el solo muñeco de unos quince centímetros, de vinil o felpa, y con nombres tan imaginativos como Chivatita, Menudititita, Ontoy, Machincuepa, Ansinita, Isabelonga, Ñeoñito ñoñosa, Churro, Atole, etc. Si lo quiere con accesorios, el precio llega a los casi dos mil pesos. Entre sus accesorios se cuentan: Suero Pucheros o Ta-te quieto, 59 pesos; Bambineto, 389; Faldita, 149; Papillas uva, sanguish, mole de rosas, de 39 a 49 cada cajita y, de ahí, cepillo, jabón espuma, toallas, pañales, biberón, chupón, talco, vitaminas, vacunas, jeringas, cartilla de vacunación, moisés, columpios, carriolas, cunas, etc., etc. Para instruir a las futuras mamás acerca de cómo cuidar al “sigoto” existen videos actuados por una “enfermera”, a quien pueden acudir (¡es verdad!) en las tiendas departamentales, donde ella atenderá al adefesio previo pago del servicio. “Tan pronto recibas a tu sigoto, dice textualmente la publicidad, cárgalo, dale un beso y colócalo ipsofactamente (¡!) dentro de su caja incubadora. Antes de colocarlo, asegúrate de que tenga su pulsera identificadora del cunero y escribe la inicial de su nombre. No lo toques de 2 a 3 días. Si no aguantas las ganas, sácalo por 30 segundos y recolócalo en su caja incubadora, ya que corre el riesgo de broncoaspirar. Asegúrate de que tenga el suero conectado pues es su manera de alimentarse en esta delicada etapa”. Y siguen los sabios consejos: “Tu crío es un ser muy vivo y alegre. Tiene derecho a un nombre digno y respetable”, claro, como los mencionados por su publicidad: Ontoy, Ansinita, Machincuepa, etc. Tiene que ser alimentado por etapas: suero, leche, papillas, según su edad; limpiado y bañado cuando bote lo que le dieron por sonda o por la boca, y vacunado para evitar que enferme y muera. Sí, porque el muñeco morirá cuando le dejen de suministrar todos los productos que el fabricante ha ideado y el papá debe comprar para tener a la hija muy contenta con su “hijo” no nacido… Si muere, imaginamos el trauma de la bebita-mamá. Uno de los videos recomienda lo que le se le debe dar o no dar al hominoide, y aclara que nada de matemáticas y sí música de mariachi… Y si hay alguna duda, la empresa pone a disposición correo electrónico, teléfono y facebook para que el adquiriente sepa qué hacer con su “producto” a cada momento y qué accesorio debe comprar para evitar la muerte del homúnculo en cuestión.

¡Allá los papás y los maestros de niños con su “sigoto” para después reeducarlos!

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Por: Gino Raúl De Gasperín Gasperín