Bautizado por el cine como El hombre de los Dos Reinos, y recibido por Dios como un santo de los pies a la cabeza, aunque su testa quedó a los pies de aquél villano rey de nombre Enrique Octavo, el que se enamoraba hasta de su propia sombra, lo cierto es que contados políticos saben a ciencia cierta que su patrono universal es Tomas Moro (castellanizado su nombre), cuyo nombre real fue Thomas More de cuna inglesa, hombre orquesta en el séquito de un monarca gordo, feo, decadente y corrupto, todo lo contrario a las divinidades y talentos terrenales que presentó nuestro personaje como hombre de leyes, estadista, escritor, filosofo, etc, logrando al final de su existencia cuando fue decapitado, el mejor de todos sus títulos, el de santo, nuevo morador del reino de Dios.

Por lo cual resultaría conveniente que antes y después de elecciones tan sacudidoras como las que se llevaron al cabo el pasado domingo en nuestro estado buscando el nombre, ya encontrado, del nuevo gobernador, los hombres que buscan el poder detrás del forjamiento de autoridades no muy correctas que digamos en muchos casos, aparte de las consabidos tres golpes sobre el pecho, pidiesen un poco de inspiración, talento y altos valores sociales y políticos al referido santo.

El cine plasmaría la historia de Tomás Moro, el hombre de los dos reinos, que claro esta prefirió al final de su existencia el de Dios, mandando el restante al centro mismo de la tierra colindando con el infierno, desechando su vida de gala en la corte de Enrique Octavo, donde aparecía como canciller, desde el momento mismo en que locuaz monarca buscando casarse nuevamente teniendo a su lado a su real esposa, deshecho las leyes de la iglesia católica, declarándose cabeza suprema de la misma en Inglaterra. Tomás nunca estaría de acuerdo con eso, brindando su apoyo al propio Papa, ante lo cual fue sentenciado a morir decapitado por Enrique Octavo, manteniendo Moro sus ideas hasta el final de su propia existencias acaecido en el año de 1535. Todos los 22 de junio, fecha de su festividad religiosa, lo divino se mezcla con lo eminentemente terrenal, cayendo bajo sus plantas muchas lagrimas de cocodrilos mal disfrazados de políticos arrepentidos de sus culpas, y de sus falsas promesas hacia el pueblo mismo.

Por lo cual una sugerencia hacia ese grupo de gobernantes nunca comprendidos o entendidos del todo, no les caería nada mal que busquen hasta debajo de las piedras el libro realizado por Moro que llevo el nombre de Utopía, una real obra girando sobre cuestiones filosóficas, políticas y económicas, buscando encontrar las bases de un mundo netamente irreal e imposible de crear, pero sí de intentar llevarlo al cabo aún con todos los pronósticos en contra para la sanción del alma.

Por cierto el actor que encarno a Tomás Moro fue Paul Scofield ganando el Óscar por su actuación en la cinta El Hombre de Dos Reinos en el año de 1966, guardando cierta similitud con el santo referido al negarse sistemáticamente, hasta en tres ocasiones, a recibir el título de Sir. (título de honor para un caballero otorgado por la reina y nunca por Dios).

Tomás Setién Fernández

Los comentarios y puntos de vista expresados en esta página son cortesía y responsabilidad de quien los escribe, además de queno representan necesariamente el punto de vista de Sociedad Editora Arróniz