La pobreza y necesidad no es algo extraordinario, se respiran por doquier en Córdoba y todo México. No obstante hay para quienes por el momento, la pobreza no es la prioridad...sino la vida.

Las familias que viven en riesgo cerca del río, pasan cada tormenta con la incertidumbre de que en un instante lo pierdan todo, hasta sus propias vidas.

El paso de Franklin por Veracruz fue un claro ejemplo de la premura por que estas familias sean reubicadas. Tal es el caso de Maricruz, costurera, separada y quien vive a un metro del río ‘Seco‘ en compañía de su hija, una joven con retraso psicomotor. Hace cinco años una crecida del río las dejó encerradas con el agua bloqueando su puerta.

También está el caso de Acasio Córdoba, padre de tres niños, abandonado por su mujer hace un par de años y que como puede, con su trabajo de reciclaje y jardinería ocasional, mantiene a los pequeños en una precaria habitación a un costado del río, que los amenaza con cada tormenta.

O los hermanos Moisés y Celia, habitantes del El Barreal, ambos invidentes, que con lo que pueden hacer vendiendo productos de limpieza intentan criar a los dos hijos de ella.