Un lugar prohibido y transitado es un atractivo para que un grafitero “pinte su marca” y así lograr la atención del gremio o la ciudadanía, aunque eso signifique la crítica social, dice un joven que desde hace varios años practica graffiti y restauración de murales.

Según el joven, las “pintas ilegales” son la adrenalina que un grafitero busca para obtener el respeto de los compañeros, sin embargo, criticó el daño que sufrió el mural de la avenida 11, entre las calles 9 y 7, que forma pare de un proyecto municipal de embellecimiento de la ciudad y que ayer amaneció rayado.

“Todos empezamos rayando lugares prohibidos, el graffiti así es, así se empieza, entre más riesgo es mejor, el grafitero busca que lo vean, tiene una parte ilegal, pero no es lo mismo pintar una pared baldía o en blanco que pintar sobre un lugar donde ya hay un trabajo, inversión, el tiempo de la persona que lo hace, su idea y la confianza de quien lo contrató”, dijo.

Este joven practica el graffiti, sin embargo, a principio de mes fue contratado para restaurar este mural que realizaron dos jóvenes de la región. Asegura que sintió “impotencia” al ver esta afectación a una obra que tardó días en hacerse.

“No se vale que hagan esto, antes había respeto entre nosotros, pero ya no lo hay, no piensan en hacer un graffiti, sino en destruir”, opinó el joven quien es empleado y en tiempos libres realiza bocetos y grafitea.


II V. MONTALVO R.

EL MUNDO DE CÓRDOBA