Noé Carrillo Molina

El Mundo de Córdoba


Don Luis observó por cinco minutos la imagen del narcotraficante más buscado del mundo que se observaba en diarios locales y noticieros nacionales. Sacó punta al lápiz, deslizó su arrugada mano por el papel blanco montado en el caballete y así comenzó a dar forma al rostro de Joaquín Guzmán Loera “El Chapo”, una de sus obras maestras.

A sus 82 años, este hombre, padre de un varón y una mujer, así como abuelo de dos nietos, se alista para celebrar el Día del Abuelo en el asilo “Huehuetlán”, un sitio donde se le ha permitido explotar uno de sus más grandes talentos: el dibujo a mano.

Originario de Jalisco, el abuelito de piel clara y ojos azules accedió a contar la alegre vida que vivió al lado de sus 18 hermanos, rodeado de vacas y caballos que eran criados y cuidados por sus padres.

“Aquí (en Veracruz) viví en municipios como Tomatlán, Monte Blanco, Coscomatepec, Huatusco, Paraje y otros lugares. Yo llegué a Córdoba por un familiar que se casó acá con alguien de apellido Barquet”, cuenta.

En la “Ciudad de los Treinta Caballeros” conoció a María del Carmen, una tabasqueña con la que procreó dos hijos y luego se separaron.

Don Luis recuerda que en su infancia nunca fue bueno para las letras aún cuando su padre fue un hombre intelectual que trabajó para la Presidencia de la República.

“Mi padre siempre me decía que de los 18 era el peor. Que no escribía gato con jota porque ni siquiera sabía como era la letra”, dice Don Luis, mientras suelta la carcajada.

Fue así que decidió abandonar la Escuela Práctica de Agricultura, donde estudiaba ingeniería agrónoma, para abocarse a ayudar a su padre y también a dibujar.

Así comenzó a realizar trabajos que hoy forman una galería de más de 500 obras, algunas en técnica a lápiz y otras al carbón. También tiene difuminados con pinturas.

A Huehuetlán llegó hace tres años, luego de sufrir una quemadura en la garganta. Fue internado en el Hospital General y luego remitido al asilo.

“Aquí me siento a gusto. De allá afuera no extraño nada porque llegan mis hijos por mí y me sacan a pasear; también vienen mis nietos y celebramos fechas especiales como el Día del Padre”, cuenta.

El mejor regalo, dice el artista del asilo, han sido esas pinturas que guarda celosamente en un estuche. Sueña con pintar en acuarela, con seguir dando vida a personajes de la televisión y ser feliz a su manera, alejado de una sociedad que asegura, en ocasiones le causa molestia.