En aquel tiempo, al salir de la sinagoga, Jesús se fue inmediatamente a casa de Simón y de Andrés, con Santiago y Juan. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre. Se lo dijeron a Jesús y él se acercó, la tomó de la mano y la levantó. Se le quitó la fiebre y se puso a servirlos.

Al atardecer, cuando ya se había puesto el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. El sanó entonces a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero a éstos no los dejaba hablar, pues sabían quién era.

Muy de madrugada, antes del amanecer, se levantó, salió, se fue a un lugar solitario y allí comenzó a orar. Simón y sus compañeros fueron en su busca. Cuando lo encontraron le dijeron: “Todos te buscan”. Jesús les contestó: “Vamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para predicar también allí, pues para esto he venido”. Y se fue a predicar en las sinagogas judías por toda Galilea, expulsando los demonios.

Palabra del Señor.


Un problema fuerte que tenemos los hombres contemporáneos es nuestra fuerte incapacidad para entender realidades que superan los planos empíricos, no podemos creer realidades que no se pueden pesar ni medir. No obstante, la visión racional del hombre siempre está limitada. Y es que Jesús es Señor de todas las realidades materiales y espirituales, sobre los hombres y sobre los seres espirituales.

El hombre mismo no es solo materia, verlo solo desde lo biológico es reducir al hombre mismo, pues él en su riqueza es cuerpo y espíritu. Si sólo fuera cuerpo sería una máquina, y lo máximo sería la biología y la física; pero el hombre es más que una máquina, es un espíritu encarnado, por ello las ciencias empíricas siempre serán limitadas para comprender al hombre. Sólo Jesucristo puede comprender plenamente al hombre, sólo él lo puede sanar plenamente tanto de su cuerpo como de su alma. Por eso el hombre encuentra su felicidad entregándose plenamente a su Creador, en cuerpo y alma, para que el Señor le dé la plena realización.


Germán Alpuche San Miguel

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