En aquel tiempo, llegó Jesús a Cafarnaúm y el sábado fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de su enseñanza, pues les enseñaba con autoridad y no como los escribas.

Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: “¿Qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? ¡Sé quién eres: el Santo de Dios!”.

Jesús le ordenó: “Cállate y sal de ese hombre”. El espíritu inmundo lo sacudió violentamente y, dando un alarido, salió de él. Todos quedaron asombrados y se decían: “¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva llena de autoridad! ¡Manda incluso a los espíritus inmundos y éstos lo obedecen!”. Y muy pronto se extendió su fama por toda la comarca de Galilea.

Palabra del Señor.


Nuestra sociedad tiene un problema muy serio, no reconoce el sentido de la autoridad, hemos ido cayendo en un profundo espíritu relativista en el que cada quien piensa lo que quiere, defiende opiniones pero no tienen capacidad para llegar a la verdad. Escuchamos comentarios de vecinos, amigos, medios de comunicación, pero no somos capaces de esforzarnos para buscar la verdad ni de escuchar a aquel que tiene la verdadera autoridad en el campo moral y práctico de la existencia: Jesús.

Jesús es el único que tiene autoridad porque es Dios y hombre verdadero, conoce el corazón humano, sus anhelos, sufrimientos, dudas, inquietudes y tiene el poder de transformar todas las realidades de nuestra vida: nuestra familia, nuestras relaciones laborales, incluso, a nosotros mismos. Por eso Jesús habla con autoridad y todo aquel que lo escucha recibe una palabra verdadera, no una opinión. Observemos como hasta los demonios tiemblan ante su voz, su palabra tiene poder para cambiar el corazón del hombre y liberarlo de aquello que no le permite ser feliz. Escucha a aquel que tiene la autoridad plena sobre tu existencia y que el guíe tus pasos.


Germán Alpuche San Miguel

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