En aquella misma hora Jesús se llenó de júbilo en el Espíritu Santo y exclamó: “¡Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla¡. ¡Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien¡. Todo me lo ha entregado mi Padre y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”.

Volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: “Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven. Porque yo les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron”.

Palabra del Señor.


En un mundo tan lastimado por la ambición en donde los hombres son capaces de lastimar a sus hermanos más pobres a través de la corrupción, de los secuestros, o fomentando las adicciones al alcohol o a las drogas; en donde se nos enseña que lo importante es ser personas de éxito económico, líderes que en su soberbia ejerzan el poder como dominio y no como servicio al otro; el Espíritu Santo nos dice que a todos ellos les está oculto el camino del gozo del Reino de Dios.

Dios revela el camino de la felicidad a los pobres y pequeños, a aquellos que con humildad se dejan conducir por Cristo y no por el poder y el dinero; es el camino de la humildad y del servicio como alcanzamos el reino.

Sin la humildad, que nos lleva a reconocernos necesitados de Dios para llevar adelante nuestra vida y la de nuestras familias, sin ella no podemos encontrarnos con Dios. Mira a Jesús, nació pobre y humilde, tal vez esa sea una de las causas por la que gente de las clases económicas altas, muchos intelectuales y líderes de nuestra sociedad no tienen un encuentro con Jesucristo, aunque sean religiosos y profesen una religión.

Absolutamente todo hombre, de cualquier clase social, necesita hacerse pequeño delante de Dios, dejarse conducir, para encontrar a Jesucristo y participar de su reino desde esta vida. ¿Eres de los humildes o de los sabios y entendidos?.


Germán Alpuche San Miguel

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