¿Quién dijo que la adolescencia es una etapa fácil? Por lo menos no lo es para Ricardo. Mientras observa atento por la pantalla de su XBOX piensa que su vida es como ese video juego: Dos desalmados golpean a un hombre.

Ricardo se ve identificado en el juego y cree que, en ese momento, lo que pasa ahí es justo lo que acontece en su vida. Uno de los personajes, un hombre de lentes y escaso cabello, se parece a su papá; el otro, de labios rojos y cabello corto a su mamá. ¿Y él? Pues él, nada más y nada menos es la víctima, es aquel pobre hombre al que golpean.

En realidad, Ricardo se siente muy presionado y en una encrucijada. Por eso ha acudido a su hermano mayor para preguntarle qué harán ante la situación que se vive en casa. La respuesta de Martín lo ha dejado helado: «Ya formamos parte del club de los hijos de los divorciados ».

Ricardo no entiende por qué su hermano está tan tranquilo ante esa situación que, presiente, cambiará sus vidas.

Pero no todo está perdido, piensa. Por lo menos en la escuela puede pasar 8 horas con sus amigos y así sus días pueden ser más soportables.

Con lo que Ricardo no contaba es con ese examen de matemáticas que se aproxima y que lo pondrá en una situación tan delicada que podría hasta perder el año escolar.

Tampoco contaba con que su amiga Patricia le pidiera contactarle una cita con Iván, su mejor amigo. O que sus papás pensaran que él pudiera tener una relación con Joana. ¡Por favor? ¿Por qué los papás confunden todo? ¡Era solo su amiga!

En los planes de Ricardo no se encontraba tampoco la idea de que, ante la separación de sus papás, él tendría ahora que vivir en dos casas y organizarse de tal forma que nada se le olvidara en la casa de uno o de otro.

Por si fuera poco, con un gran esfuerzo económico, su mamá le había comprado la cámara de vídeo que tanto había anhelado. El problema ahora es que su hermano Martín le ha pedido ayuda para quitarse un tatuaje antes de que su mamá lo viera.

¿Venderá Ricardo la cámara para poder apoyar a su hermano? ¿Qué hará Ricardo para, pasar su examen de matemáticas? ¿Qué pasará con sus amigos, Joana, Patricia e Iván? Y, lo más difícil, ¿logrará Ricardo que sus padres vuelvan a estar juntos?


“La decisión de Ricardo” es uno de esos libros que nos enganchan desde sus primeras páginas y no puede uno dejar de leerlos sino hasta llegar a la última hoja.

Escrito por Vivan Mansour y con ilustraciones de Laura Pacheco que hacen la lectura más ágil e interesante, esta historia nos invita a ponernos en el lugar de muchos jóvenes adolescentes que viven situaciones que, como Ricardo, no saben de qué forma pueden resolverse.

Sus 126 páginas nos invitan a acompañar a Ricardo en actividades cotidianas y a coincidir con él en que: «Elegir no siempre es fácil».


Te sugiero:

Comprar el libro en alguna librería que venda textos del Fondo de Cultura Económica. Su precio es realmente económico. Comentar en familia, sobre todo con los adolescentes de casa, las decisiones que tomó Ricardo. ¿Qué hubiéramos hecho en su lugar? A los profesores que trabajan con adolescentes, les sugiero incluir la lectura en segundo o tercero de secundaria para, posteriormente, hacer una reflexión sobre la misma.




Marilú López Baca

Licenciada en Comunicación

Profesora de Lectura de la Escuela Hispano Mexicana de Córdoba

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