Gabriel Lima es un vendedor de veneno para ratas, tipo seco en trato en la calle y en su casa. El hombre conoce de los pecados del mundo y vive en un caserón deteriorado enmedio de la gran, devoradora y corruptora ciudad.

En esa casona-fortaleza mantiene a sus tesoros: su mujer Beatriz, su hijo Porvenir, y sus hijas Utopía y Voluntad. No hay ventanas ni espejos ni relojes en ese mundo que él intenta incorruptible y en el que el hombre educa a sus hijos (dos adolescentes y una niña) sobre materias básicas como aritmética y geografía.

Los chicos no han salido a la calle desde su nacimiento. Han pasado ya quince años.

Gabriel viste y se comporta con sus clientes con la seriedad de un sepulturero, pero su libido es latente, y su mujer es tan sumisa como obedientes sus hijos; la disciplina es severa, al grado de encerrarlos en una mazmorra reducida y oscura en caso de un mínimo quebranto en las reglas.

Los muchachos juegan a ciertas horas, en la mayor inocencia, pero de entre toda la enseñanza e imposiciones de Gabriel, se olvidó una cuestión muy importante: la naturaleza del ser humano, el instinto sexual natural. El castigo a que Gabriel se hará acreedor, va más allá de lo que su visión de la “moralidad” (a su antojo) podrá imaginar.

Arturo Ripstein y su co-guionista José Emilio Pacheco consiguen crear cierta atmósfera poética dentro del horror que este hombre inflinge en sus seres queridos que él honestamente desea proteger de la “naturaleza perversa” de los seres humanos.

El Castillo de la Pureza (1973) se basa en un hecho real ocurrido en Guanajuato en 1959, cuya crónica en forma de novela escribió el escritor Luis Spota como “La carcajada del gato” a inicios de los 60s. La cinta ganó los Arieles de mejor film, dirección, guión, decorados, fotografía y actores coestelares (Beristáin y Bracho).

Claudio Brook, Rita Macedo, Arturo Beristáin -quien abrió el Festival Carballido reciente--, Diana Bracho y Gladys Bermejo estelarizan esta película que los hará meditar y dejará asombrados.

“La Capilla”, Avenida 1 frente al Teatro “Pedro Díaz”, 8 de la noche. Iniciamos en punto.


Talavera Serdán