Cuando ya se acercaba el tiempo en que tenía que salir de este mundo, Jesús tomó la firme determinación de emprender el viaje a Jerusalén. Envió mensajeros por delante y ellos fueron a una aldea de Samaria para conseguirle alojamiento; pero los samaritanos no quisieron recibirlo, porque supieron que iba a Jerusalén.

Ante esta negativa, sus discípulos Santiago y Juan le dijeron: “Señor, ¿quieres que hagamos bajar fuego del cielo para que acabe con ellos?”.

Pero Jesús se volvió hacia ellos y los reprendió. Después se fueron a otra aldea.

Palabra del Señor.


Jerusalén significa para Jesús la entrega de su vida por la salvación de los hombres, es ese destino que implicará la pasión y la muerte. Jesús se encamina hacia allá; situación que los samaritanos no pueden entender, pues sus pobres categorías humanas no alcanzar a profundizar en la misión redentora de Jesús, por eso no lo reciben.

Similar situación sucede con los hombres de este tiempo, nuestra sociedad ha ido formando hombres egoístas, incapaces de percibir que nuestra existencia está en función de una entrega completa de la vida a favor de los otros. Un esposo todos los días está llamado a perder su vida a favor de su esposa y de sus hijos, un trabajador tiene la misión de glorificar a Dios con su trabajo, además de buscar el honesto sustento para su familia. Todos estamos llamados a unirnos con Jesús en el camino de nuestra propia Jerusalén. Muchos no han aceptado esta misión que Dios les confía, se rebelan, no están dispuestos a acoger a Jesús en lo concreto de su vida, y se alienan desperdiciando su existencia en el alcohol, la vaciedad y la superficialidad, cualquier cosa que logre alienarlos, porque no tienen ninguna trascendencia.

Ojalá usted cumpla su misión de entregarse a aquellos que Dios le a puesto. Ciertamente que Dios no le hará llover fuego del cielo, pero también es cierto que solo aquellos que cumplen la voluntad de Dios en lo cotidiano de su vida lograrán penetrar en los misterios de la muerte y resurrección de Jesús en esta vida.

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Germán ALPUCHE SAN MIGUEL

« EL EVANGELIO DE HOY »