Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 18:15-17

Germán alpuche san miguel


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano”.

Palabra del Señor.


La Iglesia no es una comunidad de santos y puros, sino una comunidad en camino de conversión. Es precisamente este caminar el que hace necesario el apoyo de los hermanos ayudando a eliminar el pecado en la comunidad.

Ciertamente nuestra sociedad y cultura no están habituados a la corrección de hermanos, es más fácil murmurar o criticar en ausencia que tener la caridad de acercarse para auxiliar al hermano que está viviendo en un pecado ya sea adulterio, robo, fornicación, etc.

La expresión “cada quien es libre de hacer lo que quiera”, “cada quien su vida”, “es su derecho a decidir”, entre los cristianos no se puede aceptar sin más, porque a nadie Dios ha dado derecho a pecar, por lo cual los hermanos en la fe tienen la obligación de corregir a su hermano, por el bien del mismo.

Entre los cristianos, por su vínculo de fe, existe la obligación de la corrección fraterna, pues yo soy responsable de lo que mi hermano haga si no lo exhorto a abandonar su pecado.

Esta corrección es signo del amor, pues sabemos que todo el que peca sufre y experimenta sus consecuencias, pero esta corrección en un primer momento tiene que ser a solas cuidando el honor del hermano. La corrección siempre tiene que ir acompañada del amor, sin este amor no se puede corregir y lo realizado se vuelve juicio o agresión.

Todo cristiano necesita ser corregido que es una forma de ser amado por los demás.