Germán Alpuche San Miguel

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 13:10-13


En aquel tiempo, se acercaron a Jesús sus discípulos y le preguntaron: “¿Por qué les hablas en parábolas?”. El les respondió: “A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los cielos; pero a ellos no. Al que tiene se le dará más y nadará en la abundancia; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden”.

Palabra del Señor.


Todos quisiéramos entender el porqué de los acontecimientos, hacia donde va nuestra vida, la causa de las enfermedades y problemas, cual es el destino que Dios nos depara. Intentos de respuesta hay muchas, casi todas sintiéndose portavoces del mismo Dios, es por ello que cada día aumenta el número de supuestos videntes, “pseudo-psicoanalistas”, profetas, iluminados, que afirman tener contacto directo con Dios.

Pero Jesús a todos les habla con parábolas, es decir con figuras o símbolos de la vida cotidiana que pueden tener mil interpretaciones y sólo una verdadera.

Las parábolas que Dios utiliza para hablarnos en la vida cotidiana no son fáciles de entender, se requiere que Dios, por las acción de su Espíritu Santo, de a conocer el sentido de esos acontecimiento; sólo aquellos que han podido conocer los Misterios del Reino saben lo que Jesús dice en sus parábolas.

Para ello han tenido que recorrer un camino de años en comunión constante con el Maestro en su Iglesia, conocen su voluntad y tienen la gracia de su Espíritu. Situación que no corresponde a cualquier persona, solo los cristianos que se han apartado de sus pecados y que viven del Espíritu de Cristo pueden tener esta sabiduría de la fe que ilumina las palabras de Jesús. Sin tener el Espíritu de Cristo no se puede entender su palabra, siempre le parecerá un absurdo.