En aquel tiempo, Jesús estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus parientes se acercaron y trataban de hablar con él. Alguien le dijo entonces a Jesús: “Oye, ahí fuera están tu madre y tus hermanos, y quieren hablar contigo”.

Pero él respondió al que se lo decía: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?”. Y señalando con la mano a sus discípulos, dijo: “Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumple la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”.

Palabra del Señor


Este pasaje de la vida de Jesús es muy interesante y profundo, aunque en una lectura superficial podría interpretarse como un rechazo a su madre, la Virgen María.

Si leemos con atención veremos un aspecto fundamental del auténtico seguidor de Jesús: cumplir la voluntad del Padre.

Actualmente proliferan personas que se dicen cristianos pero que su vida es un renegar de Jesús, no cumplen la voluntad del Padre que se expresan en el amor en la dimensión de la Cruz, amor que se lleva al extremo dar la vida por el enemigo, por el esposo(a), por los hijos especialmente cuando son rebeldes o no quieres estudiar ni obedecer, en el trabajo dando lo mejor de sí luchando contra la pereza, perdonando a quien nos ha ofendido o lastimado.

Aquel que no ame como Cristo ha amado a los hombres, en sus miserias, defectos y pecados no puede decir que es un auténtico discípulo de Jesús, aunque se llene la boca diciendo que es cristiano sus obras afirman lo contrario.

En este sentido quien podemos decir que ha cumplido la voluntad del Padre es María, la virgen madre, que se ha creído el anuncio del ángel enviado por Dios, por la fe ha concebido a Jesús en su seno, ella es el modelo de la fe.

Este pasaje evangélico no es un insulto a la Virgen María, al contrario, ella es en quien se cumple el modelo del cristiano que cumple la voluntad del Padre, aún con el riesgo de sufrir el rechazo y el sufrimiento.