Ciudad de México.- En uno de los cuartos de su última morada -hoy convertido en oficina- se escucha, categórica, la siguiente aseveración: "Ramón López Velarde es un poeta-leyenda". Y no cabe la duda en Claudia Hernández de Valle Arizpe, coordinadora de Actividades Culturales de la Casa del Poeta que lleva el nombre del zacatecano, en la Colonia Roma.



López Velarde, asegura, hizo en la poesía lo que Juan Rulfo en la prosa: con escasos libros publicados, alcanzó la historia. Del primero de ellos, La sangre devota, se celebra este año un siglo de su publicación.



"Se inicia la poesía mexicana moderna justamente con estos poemas", zanja la escritora.

En la leyenda de López Velarde, la de su amada Fuensanta -su prima Josefa de los Ríos- y La suave patria (su obra más conocida), han llegado a imponerse dos etiquetas: la de "Poeta nacional " y "Poeta católico".



Hernández de Valle Arizpe expresa reservas sobre la segunda.

"Si no estuviera toda esa parte del erotismo, del deseo y de la mujer venerada, descrita y deseada de múltiples maneras, yo creo que no sería tan interesante", considera. "Yo creo que reducirlo a poeta católico y ver solamente la religiosidad, sin ver esta cuestión pendular, me parece quitarle interés, juego y misterio a su poesía de opuestos".



Mañana, la Casa del Poeta Ramón López Velarde presentará una mesa de reflexión sobre La sangre devota con David Huerta, Antonio Deltoro y Fernando Fernández. Este último, pondera la importancia del texto: "Tiene poemas verdaderamente conseguidos, que ya se citan entre los mejores".



Para Fernández, es necesario comprender la dimensión católica -central- del pensamiento de López Velarde para aproximarse a su poesía. Asimismo, juzga importante evaluar aspectos de su biografía que a veces se han abordado con pudor, como la posibilidad de que padeciera una enfermedad venérea.



"Uno de los temas de su poesía es realmente el desgarramiento entre el amor casto y el amor mercenario, digamos así, de las "azafatas de la carne", como él llama a las prostitutas". Y concluye: "No deberíamos temer hablar de nada de lo que López Velarde implica".



Huerta promete aproximarse mañana a La sangre devota sin prejuicios.

"Las paginitas que leeré en la Casa del Poeta -el mismo lugar donde López Velarde murió en 1921, y que lleva su nombre- no aspiran a gran cosa, pero en ellas traté de apartarme de los lugares comunes y acercarme a este libro centenario para tratar de entenderlo", adelanta.



Una segunda mesa, el 23 de junio, contará con la participación de Blanca Estela Treviño, Eduardo Hurtado y Sofía Ramírez. En el recinto ya se muestra una exposición de 28 carteles sobre el libro y sus temas.



"(López Velarde) forma parte de nuestra idiosincrasia", concluye Hernández de Valle-Arizpe. "Creo que sólo Sor Juana Inés de la Cruz, López Velarde, Octavio Paz y, por supuesto, Jaime Sabines".



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