Ciudad de México.- La devoción por la Santa Muerte comenzó a tener auge en México con la ola de violencia que azota al país, afirmó José Carlos G. Aguiar, investigador del Centro de Estudios y Documentación Latinoamericanos (CEDLA) en Amsterdam.

Sostuvo que esta fe comenzó a hilarse con la falta de justicia en México para resolver las ejecuciones de miles de personas, muchas de ellas desaparecidas o encontradas en fosas clandestinas.

Un caso emblemático para el investigador ocurrió en 2014, cuando el cadáver de Margarita Santizo fue velado frente a la Secretaría de Gobernación (Segob) para ejercer presión ante la desaparición de su hijo, que es un policía federal.

Otro citado por el académico, quien prepara un libro sobre el fenómeno de la Santa Muerte ligada a la paz y violencia, es el asesinato del normalista Julio César Mondragón, quien fue desollado en Iguala entre en 26 y 27 de septiembre de 2014 en Iguala.

"Por un lado se trata de una muerte que esperó justicia y por el otro una muerte sin rostro, el de la impunidad", dijo durante un simposio organizado por el Colegio de México.

"Existen cifras indeterminadas de fosas clandestinas, la mayoría de cuerpos que han sido encontrados, han sido encontrados por mujeres, por madres que están buscando a sus hijos, entonces, ¿de qué manera podemos entender el significado de los huesos?, ¿qué significa una calavera en nuestro país?, ¿qué es la justicia, qué es una madre, qué es la Virgen de Guadalupe?

"Ésta es una imagen que resume todo el desgarramiento que tenemos y estas tragedias que tenemos de violencia, en donde hay una impunidad, donde no hay justicia generalizada, y las madres como la Virgen de Guadalupe lloran la pérdida de sus hijos", formuló.

Para el experto, la Santa Muerte dejó de ser una estampa en la que se refugiaron sicarios, narcotraficantes, prostitutas o adictos, y que ahora acoge a personas lastimadas por la violencia y a personas en general que buscan principalmente paz, ante el clima de violencia en distintas partes del país.

A la mesa asistieron Lorenzo Meyer, Sergio Aguayo, Roberto Plancarte y Enriqueta Vargas Ortiz, "La Madrina de la Santa Muerte en Tultitlán" y quien se hizo devota a raíz del secuestro y muerte de su hijo por parte de un policía judicial.

La lideresa del templo de la Santa Muerte de Tultitlán externó su indignación porque las autoridades fueron incapaces de detener y consignar a los responsables del homicidio.

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