La región central de nuestro Estado ha tenido gente muy importante por su valía. Unos son nacidos en las localidades y otros fuera de ellas y hasta de otro país.

Poco homenaje se les ha rendido post mortem y es necesario hacerlo, darlos a conocer para el conocimiento de los pobladores. Sin embargo, muchos son tan valiosos como desconocidos.

Luis López, originario de Amatlán de los Reyes habló el idioma náhuatl en su hogar; después fue a la escuela habiendo estudiado en la ESBAO de Córdoba. Escribió varios libros y enseñó su lengua materna en universidades extranjeras donde, según decía, existe un mayor interés en conocer el lenguaje de los indígenas mexicanos que en este su propio país. Luis venía a su tierra para conversar con los maestros, se reunían en la Escuela Primaria Gándara y Luis les informaba sobre sus estudios y trabajos. Fue un hombre muy distinguido por su saber y sencillo; sin embargo, muy pocos saben de él.

El doctor Félix Domínguez Loyo fue un coscomatepecano ilustre, en su tierra se le ha honrado con un busto que le fue levantado y que luce enfrente del palacio municipal. Además, existe una placa afuera de la casa donde vivió. El doctor Domínguez fue muy ilustrado y junto con otros arqueólogos y antropólogos de fuera recorrió las ruinas prehispánicas de la región.

Gonzalo Aguirre Beltrán fue médico pero se dedicó a la antropología. Fue autor de muchos libros que la Universidad Veracruzana publicó en una colección de obras completas. Aguirre Beltrán fue un hombre de estudio reconocido en todo nuestro país y que se inició escribiendo la obra El señorío de Cuautochco pues fue precisamente en esta ciudad donde inició como autodidacta su carrera como antropólogo que lo condujo al nombramiento de altos cargos como la rectoría de la UV y la Dirección General del Instituto Nacional Indigenista. Nació en la zona del río Papaloapan pero en Veracruz no se le recuerda como debe ser.

En Córdoba tuvimos, entre otros, dos personajes muy conocidos por su filantropía: don Luis N. Kushida y don Carlos S. Rahme. El primero, nacido en Japón, siempre fue un hombre dispuesto a dar y trabajar por Córdoba y el señor Rahme, sin ser de fortuna alguna, siempre vio y ayudó a sus semejantes cordobeses.

Los mencionados merecen el reconocimiento general, el ejemplo dado por su valía o por sus actividades en beneficio de los demás. Merecen por ello que se les recuerde y se les honre.

No se sabe cómo las autoridades de Educación ponen nombre a las escuelas. Han honrado a los héroes patrios y a veces suelen ser repetitivas. En nuestro medio la educadora Rosaura Zapata lleva su nombre en dos colegios distintos y así sucede con varios personajes; otras escuelas llevan los nombres de Constituciones, del lábaro patrio, etc., pero honrar a los buenos ciudadanos conduce a imitarlos.


Rubén Calatayud


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