Rubén Calatayud

El señor Yunes Landa no debe darse por vencido en las pasadas elecciones. El derrotado fue el Pri, su partido.

A mi manera de pensar, el PRI, teóricamente, es el mejor de los partidos; es el de la Revolución, muy compacto, muy bien logrado y merece el respeto de sus seguidores.

Como las derrotas enseñan más que los éxitos, el Pri tiene el motivo de revisar por qué ha sido vencido; tiene que autojuzgarse y reconocer los defectos en que ha caído y que causan ya el repudio de los votantes.

No dudo en creer que la ciudadanía ha tenido en cuenta el gran defecto de sus tres últimos gobernadores: el saqueo, la desorganización, el desorden. Uno de ellos se llevó el mérito de haber dejado al gobierno estatal endeudado; promovió una reforma de la Constitución local para que el gobierno pudiera pedir un crédito a tres mil quinientos millones y que, obviamente, no se pagaron. Miguelito salió de Xalapa y se compró una línea de aviación. Eso no lo hizo ninguno de sus antecesores. Ya bajo el mando de Herrera Beltrán, éste se ufanó de que ya no se debía nada merced a la bursatilización de la herencia de Miguel. Pero hizo más, Fidel pretendía la presidencia de la república, sus corifeos así lo aseguraban y ahí comenzó la debacle, los gastos del gober comenzaron sube y sube y al final del sexenio llegaron a los cuarenta mil millones.

Si ese dinero salió prestado por el Secretario de Hacienda, no se explica el por qué, ni tampoco por qué se dio tanto a la mayoría de las entidades federativas. Hoy uno que otro Estado debe a la Federación. Si pedir es nada recomendable, prestar el dinero ajeno es peor.

Hoy ya se habla de una ley o decreto que permite al gobierno federal revisar las cuentas de los Estados; se tendrá, pues, más cuidado para prestar como se hizo a Veracruz y Coahuila, los más endeudados ¿Es que hace falta defender el dinero ajeno? Parece que ahora sí.

A lo largo de su historia el partido oficial ha venido de mal en peor y ha acabado en poner el país en manos de una mafia de muchos ladrones y pocos honrados. Así el gobierno ha caído en manos de las ratas que dejan el poder con propiedades en el extranjero y dinero en los bancos de fuera. Es sabido y está a la vista de todos.

El desorden comenzó con Miguel Alemán Valdés, quien permitió los abusos de sus colaboradores. Antes, cuando el generalato, los ex salían con un ranchito; luego llegaron los licenciados y abusaron; después los economistas y finalmente los aliados al narcotráfico.

Todo eso cayó sobre el ánimo votante, la política es el mayor negocio de México, protegido por una impunidad despreciable.

El Pri necesita aprovechar la derrota. Ya vienen las elecciones grandes (dentro de 2 años) y todavía es tiempo de que reconozca sus graves errores y siga al pie sus principios democráticos que olvidó en la práctica.

El Pri no está muerto, pero sus hijos lo han querido comer.

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