Esta semana murió Sergio Pitol, escritor poblano pero en realidad veracruzano (xalapeño, pues), quien por méritos propios obtuvo varios galardones nacionales e internacionales por su obra literaria, siendo el “Premio Cervantes” uno de los más importantes y destacados; ya se preparan -leo en los medios de información-, diferentes y merecidos homenajes tanto en Xalapa (por parte de la Universidad Veracruzana y el gobierno del estado) y de la Secretaría de Cultura del gobierno federal en la Ciudad de México.

Yo sólo he leído de Sergio Pitol su libro “El desfile del amor” (Edit. Anagrama, 1984) con la cual obtuvo el Premio Herralde de Novela en Barcelona, ese mismo año.

Recuerdo que cuando en casa salía el nombre de Sergio Pitol, mi mamá nos refería de inmediato a su triste y temprana orfandad de padre y madre (tenía si no mal recuerdo cuatro años cuando eso sucedió); de ahí se metía en una intrincada explicación sobre su árbol genealógico (nonnos (abuelos) tíos, primos, entre otros), el cual nunca terminaba de entender bien a bien y cerrábamos la plática diciendo que era “pariente” a secas.

Dada la actividad diplomática y cultural que tuvo Pitol en una etapa de su vida, que lo llevó a vivir y escribir -y admirar también- a los países del entonces llamado “bloque socialista” que lideraba la extinta Unión Soviética, mi papá -aliado ideológico del “bloque occidental” y que rechazaba tajantemente todo lo que “oliera” a comunismo, socialismo, Fidel Castro, URSS, etc,) mostraba siempre animadversión para el “pariente escritor”; ni por que culpar ahora a uno ni otro, la Guerra Fría estaba en su momento más gélido y había que optar y decidirse.

He venido leyendo también -eso ya tiene varios años- una intrincada y confusa disputa legal por la vía civil y creo que penal también, sobre los bienes materiales e inmateriales del Premio Cervantes entre estos sí- parientes muy cercanos a Pitol-, autoridades de la UV y también algunos directivos del DIF estatal (que como todo en el sexenio duartista se hizo mal y a las malas).

¿Habrá dejado Sergio Pitol testamento? No lo sé y ojalá que sí, porque su última voluntad ayudaría a esclarecer el enredado asunto que ahora se ventila más que sus propias obras y aportes literarios.

Ojalá que los homenajes y difusión de la obra de Pitol enganchen a más de uno por el interés de la lectura por placer; a fin de cuentas se trata de una mente brillante que aportó a las letras mexicanas y mundiales y que para orgullo de los veracruzanos y sobre todo de los habitantes de la “Atenas veracruzana” donde vivió hasta los 85 años que tenía. Ahora ya descansa en paz.


Sorbos de café

Álvaro De Gasperín Sampieri


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