Angel Díaz Talavera fue un cordobés radicado en la Ciudad de México; después volvió a Córdoba, su tierra. En cierto certamen nacional ganó el primer lugar en lanzamiento de jabalina. Aquí fue profesor en la Escuela Secundaria (hoy ESBAO) de etimologías griegas y latinas y más tarde fue maestro de juegos y deportes.

Años atrás fue director del mismo colegio el ingeniero Víctor F. Lescale quien fue un gran impulsor de los deportes, habiendo sido discípulos en aquellos años los jóvenes Rafael Murillo Vidal y Antonio M. Quirasco que después fueron gobernadores del Estado en distintos sexenios. Lescale hizo un gimnasio y dos albercas, una para señoritas y la otra para varones, consiguiendo también que se integrara un grupo de Boy Scouts que, por cierto este año celebró sus cien años de existencia en Córdoba.

Manolo Villar era dependiente de la Farmacia Principal de don Pedro Beltrán y más tarde abrió su farmacia Irma donde llegó a tener muy buena clientela. Manolo tenía un gran corazón y merece ser recordado; nunca cobró sus consultas y algunos le depositan dinero en una cajita. Fue muy aficionado al boxeo y en varias ocasiones formó parte de la Comisión de Box. En un espacio del desaparecido Centro Taurino de Cutberto -Tilico- Ferrer existió un ring en que destacaron en sus encuentros los Bambinos Verardo y Vince Herrera, muy buenos pugilistas locales. Años atrás en el Teatro Pedro Díaz hubo funciones de pugilato y Manolo tocaba la campana señalando el principio y el fin de los rounds. Eso era cada sábado y primero había un encuentro de dos niños, el Piojo Romero contra Pancho Muñoz (apodado la Mula Maicera). Después seguían un tipo de fuera: Tex Torres, muy buen fajador, la Pantera Negra, el Indio Trejo éste de poco punch pero que jamás fue noqueado. Finalmente en la pelea estrella a diez rounds se enfrentaban dos fajadores de primera: el Aguilita y Kid Torero, que dieron muy buenos espectáculos.

Fue en la Tipografía de don Gerónimo Calatayud donde se imprimió el primer semanario deportivo: La pelota, donde escribían los jóvenes Fernando y Félix Salmerón.

Don Lázaro Penagos, su suegro don Ruperto S. García y el Padre Krill impulsaron el beisbol en Córdoba. Don Darío Castillo, Eduardo Armenta, Penagos y un catcher apellidado Juárez formaban parte de la novena local que se enfrentaba a los equipos del puerto de Veracruz.

1939 fue el año en que la novena Córdoba de don Lázaro ganó el campeonato de la Liga Mexicana. Algunos de los jugadores fueron: el catcher Sungo Pedrozo, Zenón Ochoa en la primera base, Bauzá en las paradas cortas, Molinero Montes de Oca en la tercera y los fielders fueron Felino de Cárdenas, y Popeye de Salvatierra. Luego se integraron Guacho Nieto y Agustín Bejarano. Los pitchers fueron Rubén Bravo, John Taylor y Lázaro Salazar.

La fiebre por la pelota cundió en todo Córdoba; el ferrocarril hacía viajes especiales a Veracruz para ver los encuentros con el Aguila jarocha. Esa temporada fue inolvidable y puso a Córdoba en boca de la afición nacional.


Rubén Calatayud


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