Hace años se exhibió en Córdoba una película intitulada Deo Gratia. El papel principal estuvo a cargo de un viejo actor francés, Bourbil, que caracterizaba a un ladrón de parroquias. La cinta, como muchos otros filmes franceses, fue tan bueno que aún lo recuerdo. Trata de un ladrón de alcancías de parroquias muy conocedor de su oficio pues asistía a los templos católicos como uno de tantos fieles pero para darse cuenta sobre las horas de la ausencia de público y de personal en las iglesias para saber cuando estaban solitarias y la ubicación de las alcancías; luego perpetraba sus robos y escapaba en una bicicleta sin ser visto ni molestado por nadie.

Como es acostumbrado, al final de la cinta el ladrón fue detenido por la policía con las manos en la masa.

Hoy la Iglesia de esta región, por voz del señor Obispo se queja y recomienda a sus sacerdotes que denuncien los delitos que casi a diario se han venido cometiendo; la delincuencia no solo de hurtos sino también de amenazas y extorsiones se están cometiendo por teléfono contra los curas de por aquí.

Tal es la novedad que actualmente está cayendo sobre el sacerdocio local ya que antes los atracos, como en la película Deo Gratia se perpetraban; actualmente las infracciones son más y muy severas para los sacerdotes.

En otros tiempos el robo era la mira principal de los ladrones que aprovechaban la ausencia de público y personal de las iglesias para vaciar las alcancías y las joyas con que algunos fieles donan para el adorno de las imágenes; ahora, repito, la delincuencia va más allá aprovechando los actuales medios de comunicación que permiten la comisión de los delitos sin dar el rostro “trabajando impunemente”.

En esta ciudad, no hace mucho, se cometió un robo de alcancías calificado por la policía como perpetrado por novatos que para la sustracción de monedas rompieron los acostumbrados receptáculos de madera.

Actualmente la vigilancia de parroquias y otros edificios y empresas como las cajas automáticas de los bancos ameritan, que se tenga un mayor cuidado y que se dé aviso a las fuerzas de seguridad. La delincuencia no se ha terminado y aumentará debido al mejor de los pretextos: la pobreza extrema de millones de mexicanos. Ni con las fuerzas armadas ni con las ayudas parciales del gobierno y los particulares se pondrá fin a la lucha por la igualdad de las clases sociales. Hay que vivir atentos, por mientras y dar ayuda a los necesitados.


Rubén Calatayud


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