En marzo de 1986 fui invitado para ocupar ¡por cuarta vez! la Secretaría del Ayuntamiento cordobés. Acepté dudando si en esa ocasión podría servir como antes pues ya andaba en los setenta años de edad.

Me preocupaba que en breves días se celebraría el aniversario del nacimiento de Benito Juárez. Pensé que tendría que mandar hacer la corona de flores, anotar la programación del evento, nombrar al orador oficial, avisar a los convidados y ver que se llevaran hasta el monumento de Juárez las sillas y la mesa del presidium. No fue así, ya estaba preparado todo y nada se tenía que hacer, salvo la asistencia al acto. Entonces me di cuenta que en Palacio las cosas ya no se hacían como antes, había mucho más personal y se atendían más solicitudes de los ciudadanos; la ciudad de Córdoba crecía y también las tareas del Ayuntamiento.

Me encontré con que “la oposición” era menor, que el respaldo al Presidente era mayor, pero los ciudadanos que no eran del PRI siempre se negaban a firmar las actas de las sesiones aduciendo que no se habían hecho constar las protestas, que había serias omisiones y a veces me amenazaban con romper las actas.

El Síndico me dijo que firmando la mayoría no importaba que los de la oposición no firmaran.

Hubo entonces un hecho insólito: dentro de los panistas de la Comuna había serias diferencias contra el Presidente Ríos; uno de ellos me puso un cuatro en el que caí, me pidió cambiar una palabra del acta del cabildo por otra. Acepté porque el cambio de palabras no afectaba el sentido de la frase. Al día siguiente apareció en este diario en primera plana que “el Secretario del Ayuntamiento falsificó el acta anterior y se me armó un escándalo.

En otra ocasión y durante mi quinta actuación una empleada me pidió expedir un oficio autorizando al dueño de una casa céntrica y se me armó otro lío pues unos vecinos afectados pidieron amparo; se me amonestó pero felizmente el juicio de garantías fue perdido por los amparistas.

Fuera de lo anterior la Secretaría del Ayuntamiento es sencilla y tranquila.

Lo dudo ahora que Andrea Morteo ha sido nombrada para cubrir esa plaza. Le deseo la mejor de las suertes y solo le comento que la Secretaría recibe todos los secretos pero que no los puede divulgar.


RUBÉN CATALAYUD


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