La inseguridad que se padece en todo el país tiene muchas causas.

En primer lugar hay que considerar la gran diferencia económica que existe entre algunos sectores; hay personas demasiado ricas que gozan de privilegios y ventajas que da el dinero. Algunos capitales son Limpios, conseguidos por el trabajo y la inteligencia de los empresarios, pero otros capitales se ganan a la mala, como sucede en la política y esto causa la amargura y el rencor de las clases media y baja existentes. Se ha calculado que la medianía y la pobreza suman el cincuenta por ciento de la población, cálculo revelador y muy preocupante.

El alta sociedad del dinero se da sus lujos: autos finos de último modelo, residencias imponentes en barrios elegantes, viajes de compras o de paseo en el extranjero y educación escolar de los hijos en colegios muy exclusivos.

La clase media tiene tres variantes: la media alta formada por personas que han logrado muy buenos puestos en los negocios o en la política. Su posición es envidiada por los que no tienen ni cuenta en el banco ni unas monedas para amanecer. La clase media media está formada por burócratas, jubilados y empleados de menor categoría que tienen sus puestos por el apoyo de los sindicatos.

Y la clase media baja por sus bajos ingresos de los salarios y empleos de baja categoría que les impiden tener casa propia y coche usado, pero que "ay se la van llevando" con apuros y apretones de manos.

Finalmente está la clase de desheredados, la más humilde que vive en un improvisado cuarto de cartón en las afueras de la ciudad donde habita la gente más pobre y que con frecuencia no tiene para comer. También los ejidatarios que se la van pasando con los préstamos del ingenio azucarero o del comerciante exportador.

Cuesta gran trabajo a los más modestos salir de su situación y ceden a los ofrecimientos del sujeto que les da a ganar por la siembra, cultivo y cosecha de la mariguana o que les ofrece un "trabajo" dentro de la delincuencia organizada, en lo que su vida peligra.

Tale diferencias de vivir son causa de que los más desesperados cedan ante las grandes ofertas de la delincuencia.

En Córdoba el presidente municipal y sus compañeros del Ayuntamiento desde un principio han considerado la delincuencia reinante en esta región como el problema número uno. Con frecuencia han pedido el auxilio del Ejército, de la Armada, de la Policía Estatal para la protección de la ciudadanía. Hoy han resuelto crear nuevamente la policía municipal para aumentar la seguridad. Es de desear que aumentando la vigilancia que la delincuencia tema una traba más para no cometer algunos de tantos delitos que llenan las páginas de los diarios.

Y la duda: ¿Ratificará esta decisión la nueva Comuna?


Rubén Calatayud


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