Martha, cordobesa, no se visualiza haciendo nada más que enseñando, y la cubano-mexicana Adria Velázquez vino por un año y ya lleva 14 años apoyando la visión emprendedora, el entusiasmo y las locuras de la otra, “muy buena para organizar” (aunque se meta en líos tremendos porque no aprende a negarse a nada).

Pero esta dupla, disciplinada y por supuesto talentosa, sigue poniendo a nuestros muchachos como figuras primeras en los ballets más reputados del orbe: en EU de Chicago a Miami, y prácticamente toda Europa, el nombre de chicos como las hermanas Bueno, así como también importantes premios en concursos nacionales e internacionales Mariana Layún, Paulina Guraieb, Alonso Yepetzi, Sofía Martínez, los Hermanos Pérez Enciso entre varios más. Apellidos locales con pedigrí y sin nada remotamente parecido, brillan en el mundo donde lo que cuenta es la disciplina, no el nombre.

Precisamente por ello, es que ambas están siendo receptoras, entre una decena de personalidades de otras disciplinas, como el cine, al Premio Nacional de las Artes y la Cultura, que otorga la organización sin fines de lucro “Mil mentes por México”, anoche en la ciudad sede del grupo, la pujante y hermosa Querétaro, Qro.

Adria estudió en una de las escuelas más rígidas, el Ballet Nacional de Cuba, con la longeva, legendaria Alicia Alonso, donde luego dio clases, y más tarde en Parma, Italia, donde toda una familia de granjeros-bailarines (la de Gabrielle Frola, primer bailarín del Nacional canadiense, que vino casi como tradición: padre y hermanos estudiaron con Adria. Gabrielle, sencillo y encantador, habla maravillas de ella, la adora.

En Pro del Talento Veracruzano en coordinación con el Youth America Gran Prix lleva desde 2004 el Festival de Danza en la ciudad de Córdoba, donde se dan cita directores y maestros de danza de escuelas de prestigio internacional, para ofrecer becas a los muchachos de la región, y hasta de CDMX, Monterrey, Mérida, Saltillo, a quienes otorgan becas para las escuelas y ballets de danza internacionales más relevantes, característica que ya distingue a ProVer en México y el mundo.

Martha y Adria (le digo de broma, aunque ella es muy seria) que somos medio paisanos: ella cubana. nacionalizada mexicana, y yo veracruzano enamorado de Cuba y su gente, se conectan con cabeza y pies, aparentemente. Y ambas son felices de ver cómo sus chicos crecen, como los tres seleccionados para el rol (alternado) del musical triunfal “Billy Elliot”. Eso es lo que las satisface (la gran mayoría de alumnos, especialmente los de recursos bajos que no pueden pagar inscripciones ni equipo o accesorios, son recibidos igual que quienes viven en el Campestre).

(Por cierto, y para ésto, Grabrielle Frola me comentó que, conociendo la situación, cada año o dos que puede vacacionar viene a Córdoba a ver amigos como los Layún, por ejemplo, pero trae a lo Santa Clós pequeños cargamentos de zapatillas y accesorios de su compañía canadiense, “de muy poco uso, y que a los compañeros de ProVer les caen muy bien”).

Martha y Adria, con apoyo de maestros como Alberto Méndez, Claudio Muñoz, Ramona de Saá, el muy querido Gustavo Herrera y muchos más, que cada dos años dejan sus quehaceres dondequiera que estén para venir a auxiliar a estas mujeres en su batalla diaria por la disciplina, el rigor, el amor por la danza, que ProVer inyecta en quienes tienen la fortuna de ingresar.

Yo mismo quiero apuntarme, ya que cuando entro a ProVer vuelo, sólo que en años recientes la ropa parece estárseme encogiendo, lo que se vería muy incómodo (ok, digamos grotesco) en una malla o el traje de cualquiera de los “Prince Charming” que suelen poblar el repertorio dancístico universal.