Todo comenzó con aquellas correrías entre suicidas y heroicas del entonces portero caro y no parecido a nadie Pilar Reyes, abandonando su portería buscando un gol de antología en el arco rival, sobre todo cuando su equipo el de los Tigres de la U. de Nuevo León estaba a punto de perder partidos por el mínimo marcador.

Ahí surgía Pilar, el cual si la memoria no nos es infiel no anotó nunca en sus desesperados movimientos, aunque parte de su biografía narra que marcó varios tantos, pero sin reseñar ninguno, eso sí Reyes fue un tipo osado, y con un ángel supremo para los aficionados, sobre todo para el de los que han entregado a través de los años su corazón al escuadrón de los Tigres norteños.

Aunque también en su descargo, su cabaña abandonada en tantos y tantos cotejos, nunca pudo ser vencida, estando el tan lejos de ella como la distancia que existe de la tierra a la luna.

Recordando todo eso debido al gol eminentemente bobo que recibió el arquero de los Pumas de la Universidad Alfredo Saldívar un clásico salta montes, anotado por el jugador de los Xolos de Tijuana, Luis Angel Mendoza, paseando el balón por toda la cancha de C.U. tal y como si fuera llevando de la mano a su novia por la Alameda Central, hasta depositarlo en la meta desguarnecida universitaria, luego de que Alfredo se fue a intentar rematar un tiro de esquina para solo perderse por su corta estatura entre un bosque de piernas y de altos edificios.

Ya teniéndose que anexar el gol referido como el más bobo recibido por el equipo de los Pumas en toda su historia, y miren que la UNAM ha tenido de todo en cuestiones de arqueros, desde los fuera de serie como Jorge Campos y Olaf Heredia, hasta llegar a los que combinaban la cal con la arena como Sergio Bernal y Jorge Espinoza, en un elevado numero de porteros entre el bien y el mal.

No creyendo para nada que Saldívar pueda igualar el carisma tenido por Pilar Reyes, un elemento que inclusive sus juegos mas deplorables sirvieron para a macizar su historia de relatos increíbles, como aquella vez que se mancomuno con el colega en el marco de la Selección Nacional Pedro Soto, recibiendo ambos, cada uno en un tiempo, tres goles por piocha por parte del seleccionado de Alemania en un juego del Mundial de Argentina 1978.


Tomás Setién Fernández

El Mundo de Córdoba