Sin tener nada que ver con aquellas celebres y revolucionarias notas del maravilloso escritor Mariano Azuela, destinando su tinta hacia la opresión y la Revolución del pueblo mexicano, y si todo con el futbol mexicano rentado, los de abajo (título del libro famoso), en la tabla de posiciones de la Primera Nacional han comenzado desde los primeros rayos de un sol, aún tímido y nada reconfortante, su lucha por conservarse en el supuesto paraíso, ya habiendo equipos que son tradicionales en eso de la quema y sus derivados, salvándose de caer en el descenso solo porque Dios es grande, y a veces guarda algunos banderines de sus cuadros favoritos.

Por ejemplos, los casos de los escuadrones de los Tiburones Rojos del Veracruz y el Puebla de La Franja, brincando sobre piedras calientes es tan común y corriente, como el saludar a buenos y malos con los correctos y a veces fingidos buenos días, tardes y noches, estando nuevamente pegados como la piedra a la pared, o la hiedra al muro de los lamentos, en tan desagradable tabla de madera podrida, en mitad del océano poblado por charales y uno que otro pez mordelón y temible.

Ya unido al referido grupo el equipo recién ascendido del Necaxa, cuadro que a través de los años ha sostenido una lucha bizarra, y en algunas ocasiones sin tener muchas armas validas al lado por no desaparecer del medio futbolero profesional, aunque ya en otras épocas tuvo que salir de la tumba con la mortaja como frac, sobre todo cuando fue exterminado, y luego de sus cenizas creado aquel equipo de uno que otro recuerdo llamado Atlético.

Siquiera ya con un punto conseguido los Rayos hidrocálidos ya le pusieron número a su casillero, luego del aburrido empate a cero goles que lograron en casa ante la nueva versión de Cruz Azul, mientras que Veracruz exhibiendo una avenida en su defensiva cayó ante Querétaro, y Puebla haciendo un buen partido al pie del Cerro de la Silla, saco un punto contendiendo ante Monterrey.

Ya teniendo casa de campaña frente al abismo conjuntos como Tijuana y Morelia, que se unen a la práctica nada pacífica y tranquila de la ruleta rusa, en donde semana a semana se acercaran mas a su salvación, o a su caída sin red protectora abajo.


Tomás Setién Fernández.

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