Los Baby Bombers se hicieron hombres delante de nuestros ojos. El equipo que debía competir para dentro de un año adelantó su fecha de maduración y contra todo pronóstico avanzó a la Serie de Campeonato de la Liga Americana.

Allá en Houston los esperan esos Astros devoradores de ilusiones, seguros de su poder destructor, pero de nada vale abrumarse con esos pensamientos ahora: los Yankees dejaron atrás a los subcampeones de las Grandes Ligas y bien merecen ser bañados en la champaña del éxito.

Sobre los menudos hombros de Didi Gregorius, autor de dos cuadrangulares y las tres carreras del encuentro, Nueva York derrotó ayer por la noche 5-2 a los Indios delante de su estupefacta afición de Cleveland y reafirmó su llegada a la edad adulta del béisbol.

Estos mulos llegaron para quedarse y por mucho tiempo, son el trueno que antecede a la tormenta, la restauración de un linaje roto durante algún tiempo y que regresa con esa tremenda fuerza nacida a medio camino entre el descaro de la juventud y el respaldo de la historia.

Cuando CC Sabathia y Corey Kluber se fueron sin rebasar cinco entradas, comenzó la terca batalla de los dos mejores cuerpos de relevistas en la Liga Americana, como si se tratara de un combate cuerpo a cuerpo en el ring más estrecho del mundo, pero al final prevaleció el de Nueva York, mientras los Indios se desmoronaban en una octava entrada de dos carreras y miedo.

Esta es la fuerza que impulsa a los Yankees para la Serie de Campeonato. No son los intermitentes Aaron Judge o Gary Sánchez, capaces de cambiar la decoración de un choque con el simple movimiento del bate. Ahora tendrán una dura batalla ante los llamados Astros de Houston.


Agencias