Tomás Setién Fernández

« A Manera de Comentario »

Las matemáticas o la simple y a veces atormentante aritmética, sobre todo cuando se machetea la tabla del dos en la instrucción primaria no son siempre perfectas, encontrando su derrota y perdida del invicto dentro de las nuevas disposiciones del futbol mexicano profesional, sobre todo cuando a alguna mente calenturienta se le ocurrió realizar la ecuación del diez por ocho, en relación a abrirle el zaguán ahora sí en grande, a lo bestia, a la irrupción de futbolistas que no tuvieron la suerte de nacer en suelo azteca, ante lo cual ya el cambió de oro por espejitos con lentejuelas será en grande. en el torneo de Apertura que llegará desde hoy por la noche, en el accionar de la máxima división de nuestro balompié rentado.

Pudiendo colocar hasta diez elementos los diversos equipos militantes en la Primera Nacional de jugadores naturalizados como mexicanos que no haya cumplido los 18 años o que mínimo hayan ya jugado un torneo anteriormente, casi gateando y añorando su anterior juego de canicas con o sin hoyo por delante.

Y prácticamente un hoyo es el que tienen los directivos de la cúpula de cristal totalmente rompible de la Federación Mexicana de Futbol, que ante tamaña medida los verdaderos jugadores mexicanos, los que nacieron en La Gran Tenochtitlán sin ninguna clase de trucos, júrenlo serán relegados a los rincones obscuros, a la manera de aquella canción del inolvidable Francisco Gabilondo Soler Cri-Cri, solo pudiéndose hallar al término de la melodía y de los partidos en los rincones mas obscuros de sus respectivas organizaciones.

Irrumpiendo como la carga de los nuevos forasteros ya debidamente registrados nada menos que 45 elementos, que se unen a los ya naturalizados como mexicanos, archi conocidos en calles y avenidas.

Apareciendo por fin el equipo de los Tiburones Rojos del Veracruz en el primer sitio de algo, estando parejo con los Xolos de Tijuana en eso requerir a los jugadores mexicanos de llavero, teniendo 13 elementos cada conjunto de cara al nuevo torneo.

Con nuevos mexicanos, todavía mascando chiclet bomba y gustando de los helados de chocolate con mezcla del dinero constante y sonante, colombianos, chilenos, uruguayos, gringos, y hasta españoles con recetas infalible de paellas y cocidos, unos naturalizados, otros en vías, continúan contemplando al futbol mexicano profesional, como el título de aquella celebre novela escrita por el inolvidable Luis Spota, Casi el Paraíso.


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